Sobre el Duomo de Milán y las Grandes Estructuras

2020, Duomo.

Me interesa bastante cuando la gente sale del metro -que está justo al frente en la parada “Duomo”- y lo primero que hacen es sacar su celular y tomar una foto. Esta catedral es Milán y es toda su población. Es el punto de referencia geográfico de la ciudad.

También me interesa la necesidad que tengo por tomarle fotos. Decenas de fotos en todas las estaciones y en todos los momentos del día.

En el 2017 estuve en Milán por un día y lo vi de lejos, en cambio en mi último viaje -en Febrero del 2020- si pude pasar y verlo varias veces. Por más que las fotos del duomo sean una especie de “postales” (o sea, fotos que todo el mundo toma porque son puntos turísticos), para mí son especiales. Primero porque es algo diferente a lo que veo en Lima, segundo porque esas calles me conocen más de lo que yo las conozco a ellas y por último porque es el punto de partida de la ciudad, y hace que sea el “centro” (como en la mayoría de ciudades católicas/cristianas).

Esta vez como turista tomé algunas fotos y el hecho que haya una marea de gente transitando al frente mio, cuenta el movimiento que esta estructura genera a su alrededor. Como un sistema solar donde donde la catedral funciona como un Sol, con su propia luz y fuerza de atracción.

LA CONTRIBUCIÓN DE LA FOTOGRAFÍA HACIA LA SOCIEDAD

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Me interesa bastante en cómo las imágenes pueden hacer que las personas sean más conscientes de lo que los rodea.

En enero del 2016, tenía ganas de hacer algo diferente en relación a la fotografía. El año y medio anterior había estado viviendo en Milán, Italia. Mi costumbre ante la estética que me rodeaba, había generado un deseo inconsciente de captar precisamente eso, lo estético o lo socialmente “bello”. Me comenzaba a preguntar qué hace que una foto sea catalogada como “buena” o “mala”. Las primeras respuestas fueron por el lado de la técnica. Osea, que esté bien expuesta, bien encuadrada (esto siempre va a seguir siendo bien importante), y no se, bien retocada, quizás. Pero ninguna de estas respuestas me satisfacía.

La pregunta que llegó a mi mente, fue “por qué?”.

Hice esa pregunta con la mayoría de fotos que había tomado anteriormente. Por qué las tome? Y creo fuertemente que la respuesta a esa pregunta genera la calidad en las fotos que se toma. No calidad estética, sino calidad de contenido.

Cada persona tendrá respuestas distintas a la misma pregunta, y estas respuestas satisfarán el deseo que cada uno tiene en relación a su propio trabajo.

Entonces, volvamos al tema social relacionado a la fotografía.

Apenas llegué me entraron ganas de documentar cómo viven las personas en el interior del país. Como dije anteriormente, había estado acostumbrado a salir con la cámara por el simple hecho de salir con la cámara y tomar fotos por el simple hecho de tomarlas. Siguiendo este camino, fui a las oficinas de UNICEF acá en Lima y dije que quería hacer algún tipo de trabajo para ellos. Tuve mucha suerte porque me comentaron que en dos semanas habría la documentación de un proyecto de agua y saneamiento que venían haciendo desde varios años atrás en caseríos a las orillas de los ríos Amazonas y Ucayali.

En esta ocasión no voy a contar el proyecto porque no viene al caso, lo que si voy a contar es algo que vi y que me pareció muy interesante.

Uno del grupo, estaba llevando un paquete de fotos reveladas. Yo no le presté mucha atención hasta el momento que –ya casi finalizando el viaje- se las dio a las personas que las habían tomado.

Resulta que este individuo había llevado cámaras descartables, un par de meses atrás, y las había dejado a tres personas de distintos caseríos. Luego, en un viaje siguiente había recolectado estas cámaras y por último, en el viaje al que yo fui, llevó las fotos reveladas con el afán de que esas personas vean -en papel- el resultado de su trabajo.

Aquí viene la parte que más me interesa. Cuando abrían el paquete y veían a las fotos que habían tomado sentían una fuerte euforia y una constante emoción ante las personas y espacios que habían –sin querer- documentado. O sea, apenas encontraban al sujeto de la imagen, iban corriendo a buscarla para enseñársela y cuando veían un paisaje (o sus casas), todo el grupo corría a ver si laimagen impresa era igual a la imagen en vivo.

Es importante tener en cuenta que estas personas no tienen energía eléctrica, ni acceso a la tecnología (celulares), y si me quiero poner un poco más dramático, ni acceso a agua potable ni a la sanidad necesaria para llevar una vida saludable (de ahí el nombre del proyecto de Unicef).

Entonces la emoción y la euforia se explican perfectamente porque no suelen ver imágenes impresas de lo que los rodea. Y la parte en la que la fotografía cambia y mejora la sociedad es precisamente esa emoción y esa euforia, sumada a la interacción y a la creación (o fortalecimiento) de vínculos entre los involucrados en el proceso de la imagen.

Eso, desde mi punto de vista, genera desarrollo y conciencia.

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Verdad y Paisaje

 

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Podríamos esperar, de las fotografías de un paisaje, la documentación de un lugar. Existe una certeza en la geografía que nos alivia (o nos libera) del mundo furtivo y sombrío del egoísmo romántico, sin embargo puede haber un aspecto subjetivo, algo en la imagen que nos dice tanto acerca de lo que está delante de la cámara como de lo que está detrás, el fotógrafo. Y detrás de las decisiones de este (dónde pararse, dónde apuntar, esperar que un carro pase…para que en el segundo en el que todo esté inexplicablemente bien, poder apretar el obturador) está su marco de recuerdos, meditaciones acerca de cómo percibe ese lugar.

Por todo esto (y mucho más…), hacer fotografías tiene que ser un asunto personal. Cuando no es así, los resultados no son persuasivos. Solo la presencia del artista en el trabajo puede convencernos de que su afirmación fue el resultado y ha sido probada por la experiencia humana.

“Somos en gran medida la suma de los lugares por los que hemos andado. Y debido a que el terreno se torna tan contradictorio -pacífico aquí terrorífico allá- cuanto más andamos menos estamos predispuestos a afirmar qué sabemos” – Robert Adams

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Sobre mi Abuelo y la Observación

Mi Abuelo

Hoy 22 de Abril hubiese sido el cumpleaños 95 de mi abuelo Juan Podestá. Esta es una de las mejores y pocas fotos que le tomé en el 2013. Yo hablé mucho con él. Me contó historias que a muy pocos les relató y fue un elemento muy importante en mi personalidad y en mis propias historias.

De niño prácticamente vivía con mis abuelos porque mis papás trabajaban hasta tarde. Él siempre fue un hombre de pocas palabras. Desde que me acuerdo, pasaba mucho tiempo sentado en un sillón leyendo algún libro o periódico, sin embargo, todas las tardes iba a su jardín a cuidar sus plantas y sacar alguna palta o manzana madura de los varios árboles que tenía. Como a veces no me dejaba cosechar con él, solo me quedaba mirarlo hasta que termine. Apenas se iba, corría por una escoba y bateaba todos los frutos de la naturaleza que estaban a mi alcance.

En su ritual diario también había un conejo involucrado al cual alimentaba justo después de cosechar y regar. Un día agarré un poco de perejil que encontré en la cocina y me acerqué para dárselo. Al ver esto, el viejo Juan corrió hacía mi gritando que no lo haga, que el animal se podía morir si comía esa planta. Lamentablemente como ya estaba acostumbrado a hacer todo lo opuesto a lo que me decía, apenas regresó a su mundo de lectura, muy sigilosamente dejé el pequeño racimo verde dentro de la jaula. A la mañana siguiente, por mi afán de corroborar su teoría, bajé corriendo para ver el resultado y me di cuenta de que no mintió, el conejo estaba muerto. En segundos corrí a esconderme hasta escuchar sus alaridos dinosáuricos, y les juro que si mi abuela no hubiese argumentado tan elegantemente, echándole la culpa a mis pocos años de vida, me hubiese metido en un gran problema. O sea, de hecho tenía razón para estar irritado, no? Maté a su mascota.

Estoy casi seguro que gracias a él conocí el camino “no adecuado”, que no necesariamente es el incorrecto porque me dejó enseñanzas y anécdotas que contar. Aprendí que el perejil mata a los conejos y que cuando una persona mayor de tu familia te dice algo, lo más probable es que sea verdad. El camino comienza a ser incorrecto cuando no te das cuenta de nada y solo se vive el día a día.

Ahora que veo hacia atrás, considero que gracias a mi abuelo aprendí a observar mucho (porque era lo único que me dejaba hacer) y a no seguir todas las reglas. Y aprender a observar se tradujo -años después- en mi gran pasión por las imágenes y la fotografía.

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Photography is not about photography.

Sobre la Fotografía y la Escritura

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Hace unos meses me di cuenta que cada vez tomo menos fotos (pero… presto más atención a mi archivo) y que por momentos ya no pienso tanto en el acto de fotografiar (a menos que sea algo comercial). Algo así también me pasó en el 2015, cuando dejé de tomar fotos personales por 6 meses, aproximadamente. Tal vez en ese momento o tal vez un poco después, me di cuenta que la foto -impresa en papel o en archivo digital- no era el fin. Es algo un poco complicado de entender, es más ni yo entiendo muy bien lo que estoy diciendo. Pero para ejemplificar podría hacer una comparación  con la escritura.

Un día hace unos 3 años estaba en un metro yendo a trabajar y vi un cartel que me llamó la atención. El cartel era una especie de publicidad para una escuela de cine o de algo creativo, pero había una frase que decía “Primero vive, luego escribe”. El comentario mental que tuve al leer eso fue algo como… “Al final todo el mundo sabe escribir, pero quienes realmente pueden escribir una novela o más difícil aún…un poema”.

Tomar fotos es muy fácil. Tener una buena técnica es algo simple  y más aún con tanta información y tutoriales disponibles en internet, algunos gratis y otros que cuestan muy poco. Lo difícil es entender por qué se está capturando esa imagen. Por qué ese retrato, o paisaje o lo que sea, cautiva al cerebro que está detrás de la cámara. Y no solo eso sino también: cuál es la historia que se está contando. Porque así como hay textos académicos que informan al lector sobre un tema específico, hay textos que erizan la piel y que inyectan al sistema nervioso grandes dosis de sueños.

Creo que es bueno -de vez en cuando- no pensar en la fotografía, saben por qué? Porque las historias no se encuentran con la fotografía, sino con las personas, con los libros que se leen, con las películas que se ven o con la imaginación. Así se logra dar un salto de calidad y de potencia.

Y en relación a la cámara… es solo un instrumento. El escritor nunca piensa en su lapicero o en su teclado, o sea… un mejor lapicero no va a hacer una mejor novela, no?

 

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Sobre el Retrato

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Apenas le propones a alguien hacerle un retrato, casi todos te dan la misma respuesta: “Ojo que yo salgo mal en las fotos. No hay nada que hacer no soy nada fotogénico(a). Espero que puedas hacer un milagro…tal vez si las tomas espontáneas o de sorpresa…pero no creo que salga bien. Hasta ahora no ha sucedido”.

Es muy raro que alguien afirme -con un poco de arrogancia- que siempre sale bien en las fotos. Alguna vez fueron las señoras, pero hoy se puede decir -al menos en este campo- que las personas han alcanzado la igualdad.

Fotogénicos naturalmente son siempre los otros.

Idea de Negocio con Impacto Social

Escribo esto para compartir algo interesante que se podría hacer para la sociedad. Mi objetivo es que alguien pueda realizar esta idea. Y si ya existe… critiquen mi falta de investigación y perdónenme la blasfemia a sus intelectos.

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En la cafetería de la universidad trabaja un tipo que se llama Mattia. El prepara el café y también está en la caja, cobrando. Jode a todo el mundo la mayor parte del día. Me cae muy bien.

Hay otro tipo. Un venezolano que vive en Italia hace muchos años. Especulo que debe de tener algún tipo de problema o debe odiar su trabajo, porque para con cara de culo la mayor parte del tiempo. Él es el encargado de hacer los panes, que por cierto, no son nada malos. Algunos tienen tomate y mozarella, otros, jamón y queso brie, otros una especie de milanesa de pollo…etc. Cada pan cuesta EUR 3.70 con el descuento de estudiante. Sin descuento cuestan EUR 4.5.

La cafetería abre de lunes a viernes de 9:00 a 17:00 pm. La hora en la que sirven almuerzo es desde las 13:00 hasta las 14:30.

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Ayer sali de una clase a las 16:00 para comprar un café. Llegué al lugar, Mattia me saludó, le devolví el saludo y le pedí un café. Cuando me lo dio, saqué mi billetera para pagar y me dijo que no me preocupe. Yo estaba muy contento por el gesto más que por el hecho de haberme ahorrado un euro.

Mientras lo tomaba en la barra, llegó otro tipo de mi clase. Mattia se acercó y nos preguntó si teníamos hambre. Dijimos que si y nos dio panes con milanesa. Nos los regaló. De ahí agregó “si quieren pueden llevarse otros para más tarde”.

Para no hacerla tan larga, nos dijo esto porque a las 16:30 botaban todos los panes del almuerzo a un gran tacho de basura. El hecho me dejó bastante pensativo, entonces al día siguiente regresé a la misma hora con dos objetivos: Comer gratis y presenciar el acto de la botada de panes. Logré solo el segundo porque en lugar de Mattia, estaba el venezolano. Vi como botaba una veintena de panes con mucha frialdad, indiferencia y estilo.

Me puse a pensar en todos los panes que se botan en esa pequeña cafetería todos los días. Luego en la comida que se bota después de la hora de almuerzo. Luego -ampliando un poco más el espectro- comencé a pensar en toda la comida que botan todos los restaurantes de Milán. Tanto en almuerzos como en comidas. Y terminé pensando en cuántos alimentos de buena calidad se botan en todo el mundo. Automáticamente vinieron a mi mente dos cosas. Primero, todas las personas pobres que no tienen que comer y segundo, una ONG que recolecte todos estos “residuos” de los restaurantes para que puedan ser distribuidos entre mendigos o en lugares con gente necesitada.

Por pocos minutos pensé en tener una reunión con la concesionaria de la cafetería, y convencerla que me dejase llevar todos los “residuos” en tapers grandes a lugares con mendigos hambrientos o que parezcan hambrientos (que abundan en esta ciudad). Luego, reclutar a más personas en distintos puntos de la ciudad para que me ayuden a hacer lo mismo. De ahí me di cuenta que en el corto plazo yo no lo iba a hacer.

Aprovechando que la comida y los restaurantes son la moda en Lima, esta sería una buena ciudad para empezar y expandir el proyecto para así poderlo repetir en otras ciudades. Quizás alguno de ustedes pueda, o al menos disfrute profundizando la idea.

 

Ja.